este relato lo hizo mi querida miss Esthela Santiago de la uyudar a los demás y aconsejar , en lo personal me encantó este relato para mi e HERMOSO
QUÉ HERMOSA ERES, MALENA...
Nos han dejado solas, Malena, y sonreímos sin saber por qué. Lo
que sí sabemos es que tenemos urgencia de decirnos cosas, sin embargo
callamos por un momento, silencio que nos regalamos como primer obsequio.
Sentadas frente a frente, jugueteas con el popote de tu vaso, prendo
un cigarro, y empezamos por calar delicadamente las miradas, al tiempo
que buscamos espacios idóneos en nuestros gestos en dónde sembrar
palabras. Hasta ahora tan sólo ha sido un no sé qué, algo que dijiste, algo
que dije yo, como el tocar de una campana a lo lejos que nos llama a lo
profundo.
Lo que sucedió después fue tan natural como el que mi árbol de
mandarinas, dé toronjas... Así de maravillosamente insólito...
Nos han traído el postre, Malena, nos da la pauta para hablar de
duraznos en almíbar, del buen servicio del mesero, y de lo interesante que
estuvo la charla con los demás comensales que ya se retiraron, cuando en
realidad queremos decir: "El instante es todo nuestro..."
Háblame, Malena, háblame... Tu voz empieza a surgir como las
burbujas de tu bebida gaseosa, redondas y vastas en su circular perfección.
Y cuando lo haces, el murmurar del mar parece haber bajado su intensidad
para escucharte. Empiezas por mostrarme cuidadosamente el color del
capullo que te cubre, hasta que, poco a poco, me llevas de la mano a la
raíz desde donde te nacen las soledades, y que ahora tan bien acompa-
ñas...
Qué bien te acompañas, Malena... Me dices que ahora que vives
sola, después de un naufragio en el que él se llevó por fin su propia luna
desahuciada, y una vez superado el dolor, te has mudado a tus interioridades
de una forma plena, con tus maletas llenas de esperanza. Que eso
te ha permitido por primera vez enfrentar lo externo sin miedo, a flor de
piel, con la mejor de tus sonrisas... Qué hermosa eres, Malena... Y me sorprendo
cuando abres tu cofre de versos. Ahora ya no se escucha el susurro
de las olas, ni la música que tenemos de fondo. Sólo tus versos...
No hay nadie ahora que te aplauda efusivamente, Malena... y no
te importa. Te sientes cómoda fuera de toda crítica que pudiera darte aún
más prestigio. Te basta este gesto mío de embeleso, este escuchar tus palabras
desde mi alma. Certeza que te da la pauta de pasar de poema a
poema apenas sin darte respiro, apenas sin que sintamos el tiempo. Unas
cuántas palabras mías entre uno y otro, parecieran ser las chispas que atizan
aún más la antorcha, semejantes a esas nubes ruborizadas por los últimos
rayos del sol. Tus palabras van y vienen... como gaviotas que se
empeñan en ser libres, aún desde la fragilidad de sus alas... Llegué tarde
y no pude escuchar tu recital - donde te llevaste las palmas - y aún así me
premias con versos que dices jamás haber compartido. Por qué a mí
Malena, por qué a mí... si hoy es la primera vez que nos cruzamos en el
camino...
Tal vez, Malena, porque presentiste que podría ver a través de ti.
Obviar tu primera barrera ante el mundo, esa parálisis cerebral que no te
permite tener el control absoluto sobre tus manos frágiles y tu rostro desnudo,
muecas y gestualizaciones heroicas que pasan en un santiamén de
la serenidad de los santos, a la risa de la niña que nunca permitiste que
muriera. Ríes sin pudor, generosa, pletórica... hasta por el gran logro de
llevar a tu boca tu bebida sin haber derramado esta vez ni una sola gota.
A todo pulmón desgajas los minutos y extraes todo su jugo, como si fuera
una de mis mandarinas, sin tomar en cuenta que el tiempo se ha llevado
tu juventud, el brillo y la frondosidad de tu pelo, la suavidad de tus
manos... y que la vida te fue especialmente dura.
Sin embargo, siguiendo sendas diferentes, has llegado a la cima de
encontrarte a ti misma, a desprender el trigo de la espiga, plasmándolo en
líneas y entrelíneas para regalárselas al mundo, como un legado de tu
buena tierra. Has conseguido en tu otoño, renacer lirios y nardos, y que las
golondrinas se queden contigo...
No sé por qué yo, amiga, no lo sé... Y ante mi incógnita, por último
sólo acierto a tomar una servilleta de papel, y escribir unas cuantas
palabras para ti, pues no sé si algún día te volveré a ver...
"Qué hermosa eres, Malena..."
Aletse
